España garzoniana

Ha tenido que ser, finalmente, el encausamiento del juez Garzón la ocasión para que España se polarice en dos bandos, las dos Españas de Machado. El corazón del españolito no será helado por ninguna de ellas, que sí hielan -ambas al unísono- el corazón de quienes somos forzosos españoles. La política española es el patio de una corrala de vecinos marrulleros, que se descalifican con contundencia; sabedores de que los mismos que acusan son tan culpables –o más- que sus denigrados convecinos. A fin de cuentas este ambiente viene a ser un elemento más de la convivencia vecinal misma y por eso la vecindad sigue funcionando con normalidad.

El problema de España no se concreta en la incardinación del Franquismo en el actual sistema jurídico, como creen “los de izquierdas”.  De no haber existido Franco los españoles se hubiesen visto obligados a inventarlo. El problema de España se encuentra representado por la imperiosa necesidad de ser autoritarios e impositivos que tienen el conjunto de los españoles ¿Qué se puede objetar a esta afirmación, cuando tirios y troyanos –conservadores y progres- convergen en que la soberanía ha de basarse únicamente en la mayoría del Pueblo español, qué carece de sentido cualquier  expresión de la voluntad política de sociedades como la navarra y catalana, si no es en el marco previo de la Nación española? El plan Ibarretxe y el Estatuto de Cataluña son inconstitucionales ¿Dónde dice la Constitución española que España sea resultado de la voluntad libremente expresada de los forzados españoles? La Constitución española se basa en la imposición de los militares franquistas con los políticos españoles que se negaron conjuntamente a reconocer el derecho de autodeterminación de navarros y catalanes. Es legal, al igual que lo era la “Ley para la defensa de la Nación alemana” promulgada por Hitler desde la legalidad de la República de Weimar. De la misma manera, carece de cualquier viso de legitimidad democrática.

En este marco debe ser considerada la actuación del Juez Garzón. Garzón ha sido el buque insignia de la Audiencia Nacional dirigida a perseguir al soberanismo navarro. Cierre de periódicos, la doctrina de “todo es E.T.A.”, el visto bueno a los torturadores,… hasta decir basta… los progres españoles aplaudieron -o callaron-sin que su percepción de demócratas vacilara. Con todo, no han podido liberar su conciencia de un enorme peso. La transición que llevó al presunto Estado de derecho actual, les obligó a olvidar la reivindicación de los antifranquistas masacrados y perseguidos. Se desprendieron de su seña de identidad más radical, la República y sus defensores. Era obligada la renuncia en aras de la reconciliación. Dieron la impresión de no conocer todo lo que había significado el mismo franquismo como quintaesencia de la vieja oligarquía española, a la que prestaron su ideología los sectores sociales más abyectos que asimilaron el Fascismo. Peccata minuta.

Los franquistas fueron conscientes siempre de que lo que significó el cambio y llamaron revanchismo a la imprescindible limpieza de conciencia que exigía la revisión de lo que había supuesto la Dictadura. Acogotaron a los progres acusándoles de nostálgicos y exhumadores de huesos que pertenecían a un pasado sin importancia ¡Vaya con estos españoles que tienen grabados en lo más profundo el grito de Pelayo en Covadonga y el Yugo y las flechas de los Reyes católicos…! Pero los huesos masacrados salen a la superficie y acusan ¡Son tantos los familiares de represaliados que arrastran su dolor! Será necesario darles alguna satisfacción para calmar la conciencia. El Estado español –ni cuando el P.S.O.E. ha tenido el Gobierno- ha intentado declarar la ilegalidad del Franquismo. La legitimidad del sistema actual sigue basándose en el 18 de Julio del 36. La Constitución de 1978 no representa sino una reforma impulsada por esta legalidad.

Garzón se ha mostrado presuroso encausando a Pinochet y militares suramericanos. Como arguye aquel adagio popular, “Mientras Casildo guarda la puerta del corral, la hija se le escapa por la principal”… Se niega a contemplar el desmán que tiene ante sus ojos y chilla ante el que adivina a miles de Kilómetros. Claro que la Audiencia Nacional se proclama como jurisdicción universal para perseguir delitos de genocidio y demás. De tener tal pretensión U.S.A. no dejaría de ser visto como un abuso, aunque Obama puede poner miles de soldados en Irak en pocas horas. Es conocida la eficacia de la Benemérita en la persecución de la delincuencia, pero si Garzón pretende ejercer su jurisdicción sobre Ben Laden… que le eche un galgo, que diría el castizo.  En un época en que la O.N.U. es reconocida como instancia mundial y funciona el tribunal de la Haya la toga y birrete salmantinos sobran.

Hete aquí que nuestro juez estrella, que picotea en todos los asuntos que impliquen delito físico o moral, da el salto sin red cuando se propone debelar los crímenes de Franco y secuaces. A decir verdad, no creo que pretenda sacar la momia de Franco de su tumba, para fusilarlo ritualmente, de manera similar a como actúo Carlos II de Inglaterra con Cronwell. La reacción de “la derecha” ha sido fulminante. ¿Puede existir duda de quién manda en España? ¿Por qué se escandaliza la progresía? No os permiten ni un gesto. El gallinero esta revuelto entre tanto ir y venir del Supremo al Constitucional y del Constitucional al Supremo. Más vueltas que la procesión de San Fermín, todo para sacar al Cabildo catedralicio de la catedral y terminar volviendo al mismo sitio.

Lo en verdad relevante es la inadecuada reparación de los masacrados y la legitimación del franquismo. A fin de cuentas salvó a España de su desaparición…, hasta ahora. En el maremágnum se evidencia la verdadera entidad del poder en España. Legislativo, judicial y ejecutivo no son sino simples nombres. Quien los detenta tiene la percepción de que son suyos y de que puede hacer tragar a su adversario. La realidad de la soberanía popular en España es la del picoleto Tejero en la tribuna del legislativo y amenazando con una pistola a quien ose enfrentársele.

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