España garzoniana
Ha tenido que ser, finalmente, el encausamiento del juez Garzón la ocasión para que España se polarice en dos bandos, las dos Españas de Machado. El corazón del españolito no será helado por ninguna de ellas, que sí hielan -ambas al unísono- el corazón de quienes somos forzosos españoles. La política española es el patio de una corrala de vecinos marrulleros, que se descalifican con contundencia; sabedores de que los mismos que acusan son tan culpables –o más- que sus denigrados convecinos. A fin de cuentas este ambiente viene a ser un elemento más de la convivencia vecinal misma y por eso la vecindad sigue funcionando con normalidad.
El problema de España no se concreta en la incardinación del Franquismo en el actual sistema jurídico, como creen “los de izquierdas”. De no haber existido Franco los españoles se hubiesen visto obligados a inventarlo. El problema de España se encuentra representado por la imperiosa necesidad de ser autoritarios e impositivos que tienen el conjunto de los españoles ¿Qué se puede objetar a esta afirmación, cuando tirios y troyanos –conservadores y progres- convergen en que la soberanía ha de basarse únicamente en la mayoría del Pueblo español, qué carece de sentido cualquier expresión de la voluntad política de sociedades como la navarra y catalana, si no es en el marco previo de
En este marco debe ser considerada la actuación del Juez Garzón. Garzón ha sido el buque insignia de
Los franquistas fueron conscientes siempre de que lo que significó el cambio y llamaron revanchismo a la imprescindible limpieza de conciencia que exigía la revisión de lo que había supuesto
Garzón se ha mostrado presuroso encausando a Pinochet y militares suramericanos. Como arguye aquel adagio popular, “Mientras Casildo guarda la puerta del corral, la hija se le escapa por la principal”… Se niega a contemplar el desmán que tiene ante sus ojos y chilla ante el que adivina a miles de Kilómetros. Claro que
Hete aquí que nuestro juez estrella, que picotea en todos los asuntos que impliquen delito físico o moral, da el salto sin red cuando se propone debelar los crímenes de Franco y secuaces. A decir verdad, no creo que pretenda sacar la momia de Franco de su tumba, para fusilarlo ritualmente, de manera similar a como actúo Carlos II de Inglaterra con Cronwell. La reacción de “la derecha” ha sido fulminante. ¿Puede existir duda de quién manda en España? ¿Por qué se escandaliza la progresía? No os permiten ni un gesto. El gallinero esta revuelto entre tanto ir y venir del Supremo al Constitucional y del Constitucional al Supremo. Más vueltas que la procesión de San Fermín, todo para sacar al Cabildo catedralicio de la catedral y terminar volviendo al mismo sitio.
Lo en verdad relevante es la inadecuada reparación de los masacrados y la legitimación del franquismo. A fin de cuentas salvó a España de su desaparición…, hasta ahora. En el maremágnum se evidencia la verdadera entidad del poder en España. Legislativo, judicial y ejecutivo no son sino simples nombres. Quien los detenta tiene la percepción de que son suyos y de que puede hacer tragar a su adversario. La realidad de la soberanía popular en España es la del picoleto Tejero en la tribuna del legislativo y amenazando con una pistola a quien ose enfrentársele.