El elefante en la cacharreria
Así ha pretendido ser la llegada al Gobierno vasco de Patxi López. No lo digo por él, que nunca ha mostrado la mínima capacidad de convicción. Lo digo por el conjunto de España, incluyendo a periodistas, políticos, intelectuales y… militares. Todos decididos a la reconquista de la tierra irredenta ¡Qué mejor imagen que la de los chusqueritos españoles tomando al asalto la cima del Gorbea, emulando al coronel americano -en Vietnam- del film Apocalypsis Now! Supongo que para tan gran ocasión la música del asalto no serían las Walkirias de Wagner, sino el QUE VIVA ESPAÑA DE MANOLO, EL ESCOBAR.
El conjunto de España se ha mostrado acuciado por la prisa, como si tuviese miedo de que se le escapase la presa. ¡Hay que cambiar rápidamente El País vasco! Han gritado, casi sin aliento los españoles, como si tuvieran miedo de encontrarse ante la última de sus oportunidades. Cualquiera tiene derecho a preguntarse por qué tal urgencia en modificar una situación que tienen bajo control, dado que el territorio de la C.A.V. se encuentra bajo soberanía española y es administrado por leyes españolas. Estas son las leyes que han permitido, hasta el momento, una administración particular, pero siempre bajo control de España ¿Es posible que tal marco jurídico permita que ningún territorio se escape al control español, sin el visto bueno de España? Creo que existen buenas razones para dudarlo. Hemos contemplado la manera en la que España modifica y adapta las leyes a sus intereses. Hoy ha recurrido a la ley de partidos, pero cualquier otro día puede poner fin al actual estatuto, por el camino más simple, como han reclamado conspicuos demócratas del estilo de Fraga y Rodríguez Ibarra.
Las exigencias del cambio se han centrado en todos estos aspectos; limitación de la utilización del Euskera en los medios públicos, enseñanza y administración en general, modificación del currículum por presentar una imagen distorsionada de la realidad vasca, modificación del funcionamiento de E.I.T.B. y limitación, e incluso prohibición, de la presencia de quienes defiendan planteamientos soberanistas, todo ello aderezado con el inevitable recurso a que este conjunto representa a E.T.A. y el terrorismo, supresión de las ayudas a los familiares de presos, inaceptable para unos políticos que han sido tan sensibles “por razones humanitarias” con Amedo y todos los asesinos convictos que han asesinado a vascos. Se podría llegar a entender que los nuevos gestores de la administración de la C.A.V. tuvieran el deseo de resarcirse por el aislamiento sufrido por ellos durante la gestión de quienes ellos llaman nacionalistas. A decir verdad, han hablado siempre con total libertad, siempre con el aire de ser los auténticos dueños de la barraca, no en vano, las instituciones estatales se han encontrado permanentemente en sus manos. En todo momento han transmitido la sensación de que los demás actuaban con su permiso, con la implícita amenaza de poner orden en las cosas en cuanto lo creyesen conveniente.
Se horrorizarán una vez más los bienpensantes, si califico a toda esta política de obra colonizadora, pero interferir en el desarrollo de la lengua autóctona, imponer una visión determinada de la cultura, marginar de la acción política y de los medios de comunicación a quienes no se acomodan a la manera de ver las cosas de quienes mandan y amenazar veladamente con el ejército constituyen actuaciones de colonización. Poco importa que los españoles gesticulen afirmando que Euskal herria es España. No deja de ser la imposición del más fuerte, manifestada abiertamente y negar la existencia de un conflicto colonial en Navarra, representa otra muestra del autoritarismo del colonizador que ha estado presente en todas las actuaciones de colonialismo recalcitrante; tal como sucedió con Francia y su Argelia francesa; por no citar sino a uno solo de los países europeos imperialistas que pretendieron dominar el Mundo entero y en el momento presente se presentan como defensores de la libertad.
Los españoles denominan problema vasco al que tienen planteado como consecuencia de la imposición española sobre la Nación Navarra. En otras épocas históricas tuvieron el problema flamenco, luego el americano y más recientemente el marroquí y el del Sahara… sin agotar todos. El denominador común de todos estos conflictos es la potencia dominadora, España. Quizás lo correcto sería hablar del problema español. Creo interesante hacer cierta reflexión a los españoles que les puede ser muy útil. Sus liberales de Cádiz afirmaron categóricamente que los territorios americanos formaban parte irrenunciable de España. Esto no obstante, cuando a la altura de 1830 era obvio que España no volvería a tener autoridad en los Estados de Suramérica que se habían independizado, hasta los ayacuchos de Espartero aceptaban los hechos ¡Por fuerza mayor! Naturalmente ¿Por qué no empiezan a hacerse a la idea?
Los colonizadores españoles presentan un aspecto doble que puede inducir al observador al error de considerarlos de diferente especie. Lo cierto es que son idénticos, si nos atenemos a su objetivo final y metodología de actuación. Unos son los fascistas tradicionales -condición de la que ellos mismos hacen gala- Los otros siguen procedimientos más refinados. Los fascistas constituyen un sistema de represión integrado contra la cultura y nación Navarra; incluye el mismo la normativa de represión, la decisión y la ejecución. El refinado -llamémosle así- presenta las diferentes funciones separadas, por lo que sus detentadores tienden a considerarse demócratas. Las diferentes funciones de la represión en este caso, se encuentran distribuidas entre los organismos legislativos españoles que promulgan las leyes anti-navarras, los jueces de la denominada audiencia nacional, como Garzón y Grande Marlaska y, finalmente toda la ralea de picoletos y otras especies maderables, culminando en los funcionarios de prisiones, brazos a los que se reserva la función de imponer multas y repartir curritos. Que se pretenda justificar todo ello por el terrorismo no deja de ser sino un lugar común, con el que los españoles pretenden convencerse de que están luchando contra una Hidra monstruosa a la que se debe exterminar, con el fin de asegurar la propia supervivencia.