Donostia, capital de la pomposidad
31 07 2010Hace pocos días, Donostia presentó su candidatura a la capitalidad cultural europea de 2016. Entre otros argumentos, su propuesta representa un “modelo de ciudades para la convivencia en Europa desde la cultura y la educación en valores”. ¡Cómo puede ser modelo de convivencia y cultura una ciudad que condena al silencio, a la marginación y el ostracismo a sus naturales!
Con una política cultural de mucho ruido (y pocas nueces), la cultura vasca en Donostia está sometida a una sutil pero implacable discriminación. Pongamos un dato sobre la mesa. Se calcula que en esta ciudad se concentran entre 80.000 y 100.000 personas que dominan el euskera. Más allá de cálculos y proporciones, esta cifra la define como la mayor ciudad del mundo para la cultura vasca. Ni Bilbao, ni Iruñea, ni Maule, ni Arrasate, ni Buenos Aires en su mayor gloria. Donostia representa la mayor concentración humana, cotidiana, de vasco-parlantes, a nivel universal.
Si consideramos el modelo de sociedad presente, que gira en torno a la ciudad, a sus rutinas, su paisaje, sus prácticas, su imaginario, su ciudadanía, sus procesos de producción, socialización y consumo… sería de suponer que esta población donostiarra se correspondiera con una centralidad desbordante de la culturalidad vasca. Que la mayor parte de los fenómenos culturales (ferias, congresos, productos, festivales, autores, editoriales, jornadas, fiestas, medios de comunicación…) tendría su residencia en Donostia. Sería lo lógico; aquí encontrarían fácil soporte, ayudas institucionales, público, masa social, industria, financiación, etc. Un caldo de cultivo óptimo y propicio.
Nada más lejos de la realidad. Todos los referentes de la cultura vasca, como apuntaba metafóricamente Sarrionandia (“Ni ez naiz hemengoa”), están en otra parte. Las pastorales y mascaradas son suletinas. La feria del libro y la música vasca se celebra en Durango. Berria, el diario en euskera por excelencia (y por los pelos, diríamos, con el recuerdo de Egunkaria), tiene su sede en Andoain. Argia, la revista cultural vasca, también con diferencia, reside en Lasarte. Los eventos culturales de todo tipo que promueve Kafe Antzokia –y que luego han irradiado esta fórmula a otras plazas- nacieron en Bilbao. El bertsolarismo trabaja en Villabona o en el BEC de Barakaldo. Las televisiones vascas, ETB, Hamaika, son proyectos que vienen del frío, y que a lo sumo tienen unos estudios o una delegación de segunda fila en Gipuzkoa. El folklore en la Alta Navarra, en Bizkaia. Herri musikaren txokoa, en Oiartzun… La lista es interminable (expresión de la riqueza cultural de esta comunidad), pero sin apenas vinculación a Donostia.
¿Qué cultura se promociona en Donostia, para esa pretensión de modelo y campeona de Europa? El festival de cine, la Semana Grande, la Quincena Musical, el festival de Jazz, el cine de terror… No se trata de descalificar esfuerzos que conllevan mayor o menor valor turístico, de proyección internacional, de negocio y propaganda. Pero es más que evidente que la cultura vasca ahí no encaja. No tiene lugar. No se le dedica una migaja. No dispongo de datos que permitan cotejar qué parte del presupuesto municipal (o de la Kutxa, o la Diputación, o ya puestos del Diario Vasco o la Real Sociedad, los grandes valedores de esta ciudad) se destinan a unas y otras actividades; pero si consideramos que las grandes figuras, las que más cobraron en los últimos años entre los festivales de la Semana Grande, fueron Rosario Flores o Concha Velasco, está claro a qué tipo de artistas y a qué cultura se orientan las arcas públicas.
En nombre de un pomposo cosmopolitismo se hace el vacío a la propia comunidad. Bien está que nos traigan óperas y conciertos al Kursaal, ¿pero cuándo tendremos ocasión de escuchar a Benito Lertxundi –que sigue actuando en frontones, para sonrojo de este país-, a Beltrán, a Tapia, a Joxan Goikoetxea? ¿Tiene que ocurrir con cualquier artista vasco, como ha sucedido con el donostiarra Mikel Laboa, que se ha de morir para que se sienta su presencia?
El euskara, la música, la cultura vasca… son la gran ausencia en la ciudad del castillo de la Mota, de origen navarro, fundada por un rey vasco, de Iruñea. ¿Este es el modelo de cultura y convivencia que presentan en Europa? Desde la comunidad vasca, que les zurzan.






