La construcción de la memoria histórica
3 01 2010Se ha celebrado en Aranzadi una jornada-taller en torno a las políticas de memoria histórica (17-12-09). Han intervenido expertos internacionales que han intervenido en procesos de paz, sobre todo americanos (Chile, Ecuador, Guatemala…), y una abundante representación de las asociaciones del país y agentes sociales que trabajan en este terreno público de la memoria.
Aranzadi es pionero en un determinado campo de esta materia, con una experiencia demostrada: fosas sin nombre, fusilados, desaparecidos, encarcelados, batallones de castigo, archivos, ley española de memoria histórica… A mi entender, es una lástima que todo el debate se centre y limite a la memoria de la guerra española del 1936. Pienso que este enfoque que realizan se puede extender a otras épocas, por ejemplo, sin ir más lejos, al pasado más reciente, aún caliente, de las últimas décadas. Y por supuesto es aplicable a la memoria histórica de nuestro pueblo, desde el reino independiente de Pamplona hasta las guerras carlistas (por citar dos referencias, sin más pretensiones). Un análisis del pasado revela que las circunstancias de violencia institucional, represión, conquista, guerra contra civiles, papel del ejército en la cosa política, etc., son una constante en las relaciones históricas de nuestra comunidad vasca con el reino de España (por emplear la expresión de la juez que participó en la ponencia).
Dentro del análisis de las dificultades que se enumeraron en el proceso de recomposición de la memoria histórica, algunas claves que se apuntan tienen raíces profundas. Así, la impunidad de los crímenes cometidos ha sido absoluta, algo que no avala precisamente la perspectiva de que no vuelvan a repetirse en situaciones futuras. También se citó la complicidad de los poderes del Estado (español) en el encubrimiento de las barbaridades perpetradas, por encima de épocas y cambios de régimen, dato que no es más que el reflejo de la continuidad de dichas estructuras: jamás se ha dado, ni en la Transición ni tampoco en épocas más antiguas, una depuración de jueces, policías, militares involucrados, o -ya puestos- del propio monarca, instaurado por el dictador Franco. Estas realidades son consecuencia de la permanencia ininterrumpida de un poder corrupto, déspota, español, que no ha sufrido una ruptura desde los tiempos de los reyes católicos.
Junto a estas observaciones, algunas de las ideas expuestas merecen una especial atención. Ahora que se acerca el 500 aniversario de la conquista de 1512 cobra importancia la creación de Comisiones de la Verdad. En efecto, resulta imprescindible, de cara a superar los traumáticos efectos de estos episodios de violencia generalizada, y la posibilidad de encauzar la historia por otros derroteros, establecer la verdad de lo ocurrido. No se puede cerrar ninguna herida si ignoramos el daño infligido, el dolor sufrido y las terribles consecuencias que esta dinámica histórica nos ha causado como pueblo sometido, despojado de soberanía y de instituciones propias por la fuerza de las armas. Es importante, en este sentido, el trabajo de las asociaciones para presionar contra el olvido, para desmontar las mentiras y para socializar la conciencia de lo que sucedió.
Una reflexión de esta jornada, muy acertada en mi opinión, fue la de que las medidas que se arbitren no pueden ser aisladas. No tiene sentido un reconocimiento de los hechos como violencia criminal, sí, pero como agua pasada, sin una rehabilitación de las víctimas, o sin que se establezcan garantías de que no va a repetirse la tragedia (eso que decía de la depuración de jueces, policías…). Es necesaria una comprensión holística de esta memoria histórica, que haya relación dinámica entre las medidas de reparación que se propongan, y que contemplan la restitución, la rehabilitación, la satisfacción y como digo las garantías de no repetición. En resumen, los gestos simples o las medidas simbólicas crean situaciones difíciles para la población que ha sufrido si no hay cambios estructurales (algo que en este Estado que nos encierra no se ve por ninguna parte).
Una última idea, que me parece fecunda, es que la memoria histórica es un proceso de construcción social. Es decir, tenemos que construir esa memoria entre las asociaciones, los historiadores, la sociedad… Para establecer una verdad que nos pertenece, que nos permita avanzar en el futuro, sin los traumas de agresiones y represiones que han marcado a sangre y fuego nuestra historia. Gracias, Aranzadi.






