España se hunde y otros chandríos
21 02 2010Hace unos años, Patxi Larraizar publicó aquel libro de sucesos, “Pamplona se hunde y otros chandríos”, en el que contaba que en pleno orgasmo matutino su prima Marisol observó que las torres de san Cernín ya no rascaban el cielo, y la línea de murallas de la ciudad habían descendido a la altura del Arga. Pamplona se estaba hundiendo y nadie se había dado cuenta.
Aquella historia de humor negro me vino a la memoria hace unos días cuando leí un artículo de prensa: “El estado español se hunde” (Agustín Bordas). “En la meseta castellana –dice Bordas- hay ministerios inútiles, un funcionariado sobredimensionado, demasiados mandos del ejército y una verdadera plaga de cargos de confianza y de libre designación”. Podríamos añadir algunas otras cargas de lastre al hundimiento: la corrupción, la holgazanería, la cultura del pelotazo, la malversación, el que “inventen otros”, la falta de inversión a largo plazo… Pero el artículo señala sus propias estadísticas: “en ámbitos como el ‘favoritismo en las decisiones de los funcionarios gubernamentales’, el Estado español se encuentra por debajo de Namibia y, en ‘transparencia de las políticas públicas gubernamentales’, (…) por detrás de Uganda y Tanzania”.
Lo triste de esta versión cercana de la historia del Titanic no es, como en la obra de Larrainzar, que, obcecados en plena faena, no veamos desde la ventana que las altas torres españolas se derrumban, sino que nadie se pregunte por qué vascos y catalanes nos hemos de hundir con ellas.
En efecto, continúa Bordas, “existe el riesgo evidente de que la gangrena española tenga efectos catastróficos para Cataluña e, incluso, para los estados de la zona Euro”. La economía vasca va en ese paquete. El aviso no es de Casandra, la mujer troyana que veía el futuro, pero todo el mundo la tomaba por loca, como apuntaba José Antonio Bueno en Deia. Basta repasar la prensa de los últimos días para constatar hasta dónde alcanza la voz de alarma.
Nouriel Roubini, economista americano, explicó en Davos que “España supone hoy una seria amenaza para la zona euro en su conjunto a causa de sus desequilibrios económicos” (“¿Nos expulsan del euro?”. F. Cabrillo). Según este especialista, la Unión Europea se está planteando abiertamente la expulsión, la decisión drástica de que los PIGS (cerdos en inglés, Portugal, Irlanda, Grecia y Spain, por sus iniciales) “abandonen la moneda única por ser incapaces de adaptar sus economías a las exigencias de la zona euro”.
Para el Financial Times, “España es ahora el principal riesgo para la eurozona” (Wolfgang Münchau). Literalmente añade: “El claro riesgo actual para la eurozona es España”. El resto de los PIGS puede encontrarse en una situación de mayor o menor precariedad; pero son problemas de menor calado al lado del peso muerto que representa el derrumbe del Estado español.
Este mismo análisis lo suscribe Paul Krugman, premio Nobel de Economía, que ha publicado en su blog del ‘The New York Times’ que “la mayor dificultad (de la eurozona) no es Grecia, sino España”. Entre sus observaciones, en las que también cita a Roubini para avalar sus advertencias, Krugman explica que “el actual déficit (español) es consecuencia de su “colapso económico”. Uno y otro coinciden en que “la caída de Grecia supondría un problema para la zona euro, mientras que la de España representaría “un desastre”.
Lo dicho: ¿para cuándo la decisión de abandonar ese Estado canalla y corrupto en que nos han arrastrado durante siglos a punta de fusil, antes de que nos lleve al fondo? ¿No hay políticos vascos, sindicatos, analistas, profesores universitarios, particulares de cualquier tipo, que reclamen la necesidad perentoria de abandonar España, ahora que es el momento, y proclamar de una vez por todas un Estado propio, en Europa pero fuera de los PIGS y del estercolero?
Categorias : castellano





