Incongruencias
Posteado por admin el Miércoles, Agosto 6th, 2008
Desde que alguien dijo que la poesía sopla donde quiere, empezamos a pensar que también la fantasía pudiera compartir esa cualidad. Y si Sarrionandia encontraba sustancia lírica en la lista de la compra o en la nota de la ropa de la lavandería, no es de extrañar que el soplo de la inspiración aparezca en un bando municipal clavado en el tablón de anuncios de una población prosaica donde las haya.
Es el caso del acuerdo municipal del Ayuntamiento de Leitza. La corporación se adhirió al Manifiesto 1512-2012, un documento que denuncia la conquista de Navarra por los castellanos, que ha visto la luz ante la proximidad de su 500 aniversario, y en la crónica que explica el acuerdo plenario los concejales de UPN hacen constar su oposición al texto.
Cuenta Álvaro Cunqueiro la historia de Leirás, médico gallego muy querido por sus paisanos, que fue enterrado en el cementerio civil por descreído y ateo. Los campesinos a los que atendió le querían tanto que forzaron de noche las puertas del camposanto dos extraños, y cubrieron la tumba del médico con sacos de tierra santa traída de los cementerios aldeanos. La historia cunqueirana de Galicia está llena de episodios similares en los que la línea entre ilusión y realidad no queda en absoluto clara.
La versión de UPN que relata el tablón de anuncios encaja en este tipo de crónica literaria, más cerca de las crónicas del sochantre de Cunqueiro que de un partido hoy en el gobierno. Entre sus argumentos, discute si la ocupación de Navarra fue “conquista” o “unión voluntaria” (literal; si “fue conquista o anexión no es el problema”, añade en otro apartado), y una líneas más abajo acusa a “guipuzcuanos, vizcaínos y alaveses” (sic) de participar en la conquista junto a los castellanos. “Estos son mis principios -decía Groucho Marx-; si no le gustan tengo otros”. No es broma. Hace falta imaginación y empeño para trabajar el capítulo de la incongruencia.
Pero no piense el lector que esta visión cunqueirana de la historia de UPN es una artimaña sacada de la manga. Como dice el propio concejal, “Bastaría a ver visto unas cuantas películas para desmontar muchas de las afirmaciones que aquí se hacen” (sic). Lástima que la magia del cine no hubiera llegado a las aldeas de Cunqueiro y a las filas de UPN para que las historias de la Santa Compaña, el mago Merlín, las ánimas y demás narraciones de ficción se vieran plenamente acreditadas.
Así, ocurrencia a ocurrencia, llegamos a la madre del cordero de esa retahíla de disparates y fantasías: “porque defender hoy la independencia no deja de ser una aberración y un retroceso en la historia, como pusieron de manifiesto las dos guerras mundiales alentadas por los nacionalismos”.
Es una forma peculiar de entender la historia (por suerte, Cunquiero es una gran ayuda para interpretar estas lecturas). De hecho, más que por los nacionalismos, las dos guerras mundiales del siglo XX fueron alentadas, sostenidas y culminadas por los grandes Estados. Estados con intereses e ideologías imperiales, como España, dicho sea de paso. Si algo se puso en evidencia en ambas guerras fue la máquina de destrozar personas y pueblos que son los imperios; y así se desintegraron el austrohúngaro, el otomano o se revolucionó el de los zares. Y en la segunda contienda el motor fue el mismo empeño imperial, desde Alemania, Italia, Japón… Es probable que como España -aliada de Hitler y Musolini- mantiene los mismos fundamentos, UPN prefiera creer en otros mitos de aldea, más sobrenaturales y fantásticos.
Con este recorrido mental no es de extrañar que defender la independencia de nuestra tierra les parezca aberrante y un retroceso en la historia. Si desde la caída del Muro de Berlín se han creado una veintena de Estados independientes en nuestro entorno más inmediato, en Europa, y crecen las expectativas de que sigan sus pasos naciones históricas como Flandes o Escocia, la versión de los concejales de UPN en Leitza nos remite de nuevo a la literatura de Cunqueiro, a esas crónicas delirantes de un sector del país ignorante y sumiso, que alimenta su imaginario mediante mentiras, supersticiones y mitos que tienen por base a España (la del imperio de Felipe II, en el que no se ponía el sol, a quien por cierto también citan en su alegato).
Claro que para que cuele tanta incongruencia hay que ocultar muchos siglos de violencia española, ejércitos de ocupación, rapiñas, guerras, sufrimientos, negación de la propia existencia… Cuenta Cunqueiro que en 1542 el ciego Felipe Espinosa se contrató con Juan Fernández, también ciego, para que durante un año le enseñase su repertorio de oraciones, burlas, refranes, sucedidos e historias, coplas de crímenes y sobre todo milagros de Santa Orosia, que es lo que más pedía la población de su época. Quizás en el próximo pleno de Leitza los concejales de UPN presenten una moción para pedir rogativas a Santa Orosia, para quitarnos la grima de nuestra soberanía arrebatada. Que del oficio de ciegos están muy puestos, pues para arrimarse al poder ocupante llevan quinientos años haciendo la vista gorda.
Angel Rekalde

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